La semana pasada, se realizaron los talleres para padres, instancia que fue muy bien evaluada, por un número significativo de apoderados, que  compartieron sus  experiencias y vivencias, en los diferentes  grupos que participaron.

Como una forma de hacer extensiva esta experiencia a toda la comunidad, compartiremos, por esta vía, diferentes documentos, que sirvieron de base para lo que se realizó en las diferentes propuestas.

 

Es importante destacar que la participación activa de padres y madres,  en la educación  de sus hijos, no sólo aporta al fortalecimiento del sistema escolar, sino también al fortalecimiento de la familia en sí misma, ya que ayuda a los padres a conocer las diversas etapas por las cuales pasan sus hijos/as, a acompañarlos más de cerca en su desarrollo y a ayudarlos en sus dificultades, lo que favorece el establecimiento de una buena comunicación en la familia, permitiendo mayor cercanía con los hijos  y actuando como factor protector en diversas problemáticas que los afectan” (Mineduc)

 

En tres de los  talleres realizados,  se abordó la importancia del desarrollo de la autoestima, en las diferentes  etapas de la formación de los hijos, respondiendo  a la interrogante:

 

¿Cómo pueden los padres potenciar la autoestima  de sus hijos e hijas?

 

1.-En primer lugar, ayudándolos  a conocer y a confiar en sus capacidades.

Muchos niños y jóvenes tienen  la capacidad para aprender, pero les falta interés, ganas y predisposición hacia el estudio,  puesto que no están suficientemente motivados. Un primer paso para revertir esta situación es identificar las causas de la falta de motivación, las cuales pueden ser muy variadas: familiares (hábitos en casa, horarios, etcétera), escolares (la metodología no es adecuada para su forma de

aprender) y personales (el propio estado físico y emocional: el cansancio, la ansiedad, los problemas personales etc.). Una forma de promover el interés por el aprendizaje estriba en mejorar la autoestima del niño/a- joven, entendida ésta como el sentimiento de aceptación y estima que él o ella tiene de sí mismo/a. La autoestima está muy relacionada con la imagen  que ellos tienen de sus capacidades y de su valía personal.

2.- Teniendo confianza y creyendo en las posibilidades de sus hijos e hijas.

 La valoración que un niño o niña o joven,  tenga de sí mismo/a se forma a partir de las valoraciones que realizan las personas significativas de su entorno, especialmente los padres y las madres. Las esperanzas, las creencias, las expectativas que los padres tienen de sus hijos/as influyen en su conducta. Si ven que confían en ellos y en sus capacidades, se esforzarán en que estas esperanzas se cumplan y se vean realizadas.

3.- Ofreciendo a sus hijos/as un ambiente de seguridad y afecto, que favorezca su autoestima y actuando de manera responsable, pues los hijos observan la forma de actuar de los adultos que representan a sus figuras significativas.

Los hijos no deberán percibir que decepcionan a sus padres como persona cuando, habiéndose esforzado, no rinden escolarmente como se esperaba de ellos/as.  Al contrario, deben sentirse seguros/as de que se les quiere, por encima de todo. Esta seguridad es una  condición muy importante para aprender, por ello los padres deben procurar generar en la familia, un ambiente que  le brinde a los hijos la posibilidad de vivir diferentes experiencias, de   perder   el  miedo a equivocarse, donde se fomente el desarrollo del  pensamiento, la creatividad y  la curiosidad por saber más.

4.- Ayudándolos a conocer sus capacidades. Para tener una autoestima positiva los niños, niñas y adolescentes,  deben conocer cuáles son sus capacidades, en qué actividades se sienten más a gusto, qué es lo que hacen con más facilidad, en qué tienen más dificultades. Deben aprender a aceptar las propias limitaciones y a buscar estrategias para trabajar sus  puntos débiles.

Los padres y las madres disponen de un campo muy amplio de actuación para ayudar a  desarrollar capacidades muy diversas en sus hijos e hijas, con actividades que contribuyan  al desarrollo de las aptitudes propias de cada una de las inteligencias. Por ejemplo: realizar actividades que fomenten la lectura, la comprensión oral, la expresión oral y escrita: contar y escribir historias, leer cuentos, practicar juegos de palabras, completar  crucigramas, etc. Escuchar diferentes tipos de música, tocar algún instrumento. Practicar actividades deportivas, danza, expresión corporal; realizar actividades de manipulación y fabricación de objetos. Conocer y utilizar códigos simbólicos. Por ejemplo, practicar juegos matemáticos o de estrategia. Aprender a orientarse, interpretando planos y mapas en las diversas actividades que se hacen en familia, dibujar, hacer puzzles, laberintos, croquis, construir maquetas. Jugar en equipo; aprender a negociar con los demás, describir los sentimientos de personas reales o imaginarias, etc.

 

Tener presente que no sólo se aprende en el colegio: Los niños  y jóvenes aprenden, a través de diferentes experiencias, especialmente de aquellas en que se divierten. Siempre se puede aprender a través del juego, en el zoológico, en el teatro, escuchando música, visitando una biblioteca o simplemente en la casa a través de actividades cotidianas, como contar los puestos de la mesa, jugar a las semejanzas y diferencias de los objetos, etc.  Las familias pueden aportar a la educación de sus hijos, trabajando en sus hogares una serie de estrategias simples que refuerzan el aprendizaje: ayudándoles a formar los hábitos de estudio, haciéndoles sentir que la familia se interesa por sus aprendizajes, valorando y ayudándole con las tareas escolares.

Estimados padres, los aspectos abordados en este documento, aportan a la formación del autoconcepto académico de los hijos. No obstante, sabemos que la conformación de la autoestima integral  de una persona,  involucra además la dimensión  social, la afectiva, la física y la dimensión ética. Aspectos que abordaremos en otro momento.

Carmen Pinto Hinrichsen

Coordinadora de Formación